11/05/2026
Gustavo Dessal, psiconoanálista con un fuerte impornta de debtate sobre la cultura digital vigente. Recomendado por Esteban Concia en el newsletter "Comunicación.
Reproducimos la columna del último domingo.
La columna se publica originalmente en el Face de Dessal.
“Revisitar a Marx”
La empresa Palantir Technologies fue creada en el año 2003 por una fusión de capitales entre Peter Thiel, su principal accionista, y la CIA, que le proporcionó los primeros contratos.
Actualmente su mayor actividad consiste en proveer sistemas de IA aplicada a los usos bélicos. Aunque aún no existe una confirmación definitiva, organismos independientes creen que el misil que cayó en una escuela iraní matando a 200 niñas fue dirigido mediante los recursos técnicos proporcionados por Palantir.
Desde su fundación hasta el presente, el interés de Thiel ha pasado de intervenir en lo político a centrarse en lo militar. Sin duda se trata de dos ámbitos íntimamente ligados, y Peter Thiel procura anudarlos mediante una ideología claramente definida. Recientemente, un manifiesto de la compañía generó una polémica en todo el mundo, por una serie de afirmaciones que se consideraron “tecnofascismo”.
La calificación tendrá sus detractores y sus defensores, pero las cláusulas del manifiesto contienen declaraciones muy claras que se inclinan a la consolidación de un mundo regido por un sistema tiránico.
El manifiesto Palantir considera que la democracia es un sistema político feminizado, débil, que ha sido colonizado por la igualdad de derechos civiles instaurados por las constituciones francesas y estadounidenses. Su anacronismo se demuestra en la resistencia que suponen para la instalación definitiva de un paradigma donde la igualdad quede abolida, y se sustituya por una oligocracia formada por aquellos que debido a su poder económico y tecnológico tomen a su cargo la dirección de un nuevo capítulo de la Historia.
Si nos apartamos por un momento de la repugnancia que en muchos produce esta orientación que ya triunfa en muchos lugares, resulta interesante constatar su diferencia con el movimiento MAGA, que es un pastiche de ideas mayormente estúpidas sin ninguna articulación, y que obedece a la psicopatología de un individuo y sus aliados.
Palantir posee una lógica bien sólida, debido a que Peter Thiel no es un iletrado como Trump o Musk, sino un hombre con formación académica y filosófica de nivel importante, lo cual sumado a su psicosis paranoica lo convierte en alguien que nos ayuda a entender la relación entre la psicopatología del poder y los efectos hipnóticos inducidos en las masas.
En cierto modo, Palantir reintroduce -sin pretenderlo- la concepción de Karl Marx sobre la lucha de clases. Las categorías de izquierda y derecha pertenecen a un pasado pretérito que en la actualidad carece de vigencia.
Pero la lucha de clases es más que nunca un concepto que se revela en su máxima potencia, como resultado de que Silicon Valley ha creado algo mucho mayor que un sinnúmero de inventos extraordinarios. Ha reconfigurado el planeta de un modo paradójico, haciendo posible y normalizable en el presente la ciencia ficción que fabulaba con el futuro, y al mismo tiempo infectando la subjetividad hasta llevarla a una regresión propia de la Edad Media.
La novedad histórica consiste en que esta nueva aristocracia tecnológica ya no necesita legitimarse mediante ideales colectivos. Durante buena parte del siglo XX, incluso las formas más salvajes del capitalismo debían justificarse apelando al progreso común, al bienestar general o a la promesa de una movilidad social ascendente. Hoy sucede lo contrario: las élites tecnológicas comienzan a exhibir abiertamente su desprecio por la noción misma de igualdad.
El sueño de una humanidad compartida cede su lugar a una concepción biológica y algorítmica de la existencia, donde los sujetos son evaluados según su utilidad, su rendimiento y su capacidad de adaptación a las exigencias del mercado técnico.
De este modo, la exclusión deja de aparecer como un fracaso del sistema para convertirse en una consecuencia “natural” de la evolución. Ya no se trata de explotar a millones de trabajadores, sino de declarar superflua a una parte creciente de la población mundial.
Haber renunciado a la teoría marxista de la lucha de clases es uno de los errores más grandes que se han cometido en el siglo pasado, como si la gratuidad del correo electrónico y los buscadores de internet nos hubieran hecho creer que el filósofo alemán había pasado de moda.
Sigmund Freud, Karl Marx y Jacques Lacan forman una triada cuyas intersecciones iluminan síntomas sociales que de lo contrario resultan incomprensibles. No por casualidad Lacan de dio todo su valor al concepto de la plusvalía, y lo puso en relación con el plus de gozar. No era marxista, pero supo leer lo esencial en sus escritos filosóficos.v