No todo es grieta, no todo es culpa de las redes sociales y los trolls no son superpoderosos
5/10/2020

No todo es grieta, no todo es culpa de las redes sociales y los trolls no son superpoderosos

Es interesante poder derrumbar dos mitos o más bien dos ideas que están circulando como verdades que parecen no ser tales cuando estudiamos los fenómenos en profundidad. Primer cuestión las sociedades no necesariamente están polarizadas o agrietadas, hay mucho de construcción en este tema. Por otro lado una segunda cuestión los trolls no son superpoderosos, en todo caso ponen en valor y circulación sentimientos que ya existen en partes de la sociedad argentina.

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Escrito por: Esteban Concia

No todo es culpa de los trolls y las redes sociales; las sociedades son más complejas y a la vez las teorías que explicaban los fenómenos comunicacionales como procesos lineales donde el emisor enviaba un estímulo y el receptor respondía coherentemente han sido derribadas y demostrados su inutilidad para pasar a una explicación donde al contrario de lo que se pensaba hace 100 años el poder está del lado del receptor.

Es decir, hay distintas mediaciones y hay muchas experiencias sociales que también interactúan a la hora de definir y construir sentido, a la hora de pensar nuestra visión del mundo. 

Hay un sustrato en la sociedad argentina de acuerdos posibles, acuerdos ciudadanos que deben estar sostenidos en el tiempo, de hecho cuando las encuestas preguntan por cambios impositivos que afectan a grandes riquezas ahí aparece un consenso importante; o cuando se trata de poner en valor la educación, la salud, la investigación. También cuando se trata de defender la estabilidad y la carrera laboral. 

Ahora bien, la derecha en sus diversas expresiones, no sólo política sino como conglomerado de acción unida con diversos sectores opera de una manera muy clara: primero coloca un marco de presentación de los temas desde la grieta, con lo cual automáticamente obliga a la sociedad a ponerse de un lado o del otro pero lo que es aún peor no expresa su posición clara sobre el tema sino que le pone adjetivos o más bien etiquetas. Dice esto es de “peronistas” esto es de “populistas” y a partir de allí no hay vuelta atrás. Son especialistas en “embarrar la cancha”. Los temas quedan “engrietados”, y desde ese momento el consenso queda lejos. 

Hay entonces aquí dos problemas o dos desafíos. No se trata se subirse al ring con mucha energía sino en todo caso de seleccionar el ring, es decir de poner el encuadre de presentación del tema, ahí está el verdadero triunfo. El otro desafío es cada tema supone el mismo ejercicio y un tratamiento específico, ya que hoy los acuerdos son por lo general parciales y hay que renovarlos constantemente. 

Las redes sociales son interacción pura, son conversaciones, ahí radica también su poderío en generar espacios de debate con algún grado de horizontalidad y permeabilidad a la participación de cualquiera que tenga un teléfono inteligente con datos. Es cierto también que el edificio de programación algorítmica funciona de manera que promueve comunidades de intereses y comportamientos. Esto no hace más que reforzar que el que está dentro de esa comunidad refuerza sus creencias, no deja entrar discusiones y aparecen verdades absolutas. 

Pero esa acción estructural de las redes en todo caso pone en circulación, potencia y da cuerpo a una estrategia externa, a una estrategia de “derechas” que van repitiendo como un modus operandi de manera global una mecánica de generar grieta, posiciones discursos de odio y enfrentamiento y a partir de allí contar con núcleos duros cuyo activismo pueda acercar moderados y/o independientes. 

Lo que dice un influenciador, o un “troll” difícilmente logre ser tendencia por sí mismo, es verdad que un ataque virulento desde granjas o call centers digitales puede llegar a ser muy dañino pero necesariamente los discursos deben tener algún tipo de instalación en la sociedad y cuando ya están en lo virtual para generar una tendencia no alcanza con “trolls” sino que es necesaria la interacción, y la interacción la sostienen cuentas con personas de “carne y hueso”.

En definitiva, correr el velo y derrumbar los mitos, significa poder pensar acciones de comunicación política, acciones estratégicas de desarrollo con inclusión, de redistribución del ingreso, de un Argentina que se ponga de pie y que logre aislar esos discursos. Para esto hay que saltear la grieta e ir a un nuevo encuadre donde cada tema se presente no como podestad o iniciativa de un sector sino en todo caso con una narrativa épica que tenga su centralidad en el bien común y en una epopeya colectiva.

(*) Lic en Comunicación, autor del libro “Comunicados o Dominados”, sec PJ.

 

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