La virtualidad no es una joda. ¿Y si tomamos lo digital en serio?
28/09/2020

La virtualidad no es una joda. ¿Y si tomamos lo digital en serio?

El 95% de los escándalos nacen o se agravan por el mal uso de las redes sociales o del nuevo formato comunicacional: la videollamada, tal como el caso ocurrido esta semana en la Cámara de Diputados de la Nación. Aparece aquí un combo de falta de formación y entendimiento sobre el mundo que vivimos y poder de lo digital junto a cierto desprecio por el ciudadano y el emisor en su capacidad de generar volumen crítico hacia las acciones institucionales.

Compartí la noticia
Escrito por: Esteban Concia

En principio hay dos nuevos “paradigmas”, el mundo se mueve en digital y las emociones tienen un rol fundamental en la toma de decisiones; los memes como interpretación irónica de la realidad se transforman en corrientes de discurso y de construcción de sentido. Todo viaja muy rápido, y es muy masivo, se acaban los secretos y crujen las privacidades.

Tweets que son borrados, fotos donde aparecen cuestiones íntimas de los personajes, videollamadas mal enfocadas y con una luz tan baja que parecen escenas de una “clandestinidad” digital, expresiones abruptas y no planificadas que luego generan rechazos, son entre otras más, las causas que devienen en un derrotero producto de no tomar en serio la nueva institucionalidad virtual.  

En Argentina durante 2020 se están produciendo fenómenos de rupturas y nuevas relaciones de fuerza entre lo analógico y lo digital, entre el uso de internet y otras formas de acceso a la información.

Nuestro país ha llegado a 34 millones de usuarios de redes sociales, solo entre abril de 2019 y enero de 2020, la cantidad de usuarios sufrió la suma 2 millones, un 7 % sobre el total, llevando al punto de que el 76 % de la población ya se reconoce dentro del uso de redes. Nuestra región, América del Sur, presenta un nivel de penetración sumamente alto si comparamos con otras regiones del mundo. Solo es superada por Asia Oriental (China, Japón, Corea del Sur), “empata” la segunda ubicación con Norteamérica y la región comprendida en el Reino Unido.

Uno de los soporte físicos necesarios en esta tendencia social es sin duda el acceso a Internet y el despliegue de teléfonos inteligentes en la población.Los números también son significativos en estas áreas: el acceso a la red es de casi un 80 % similar a las de vastas zonas de Europa, para citar un ejemplo.

A su vez, 2020 marcará un nuevo récord de teléfonos móviles, de conectividad móvil. Ya que el porcentaje de uso esta elevado al 106 %, muchas más líneas que habitantes, llegando a las 60 millones de cuentas activas.

Si tomamos las redes sociales más instaladas, nuestro país figura en todas ellas dentro de las primeras 20 posiciones en niveles de uso, superando a países como Canadá, Alemania o Francia.

Tomando la población de 18 a 64 años, el consumo de Internet por día supera las 8 horas, es toda una jornada laboral ley. Pero no solo es la cantidad sino la intensidad de uso lo que provoca una necesaria y enorme reflexión sobre la potencia y el decisivo papel sobre el funcionamiento de verdaderas democracias digitales.

En definitivo terminar de romper mitos y aceptar que este es un tema clave en la política parece ser el primer paso para acercarse a un uso adecuado de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. 

A su vez, buscar conformar organización y equipos en torno a este desafío; equipos cada vez más especializados donde el que sabe de todo posiblemente termine sabiendo de nada. Es tan veloz el ritmo con el cambian los procesos que obliga a una actualización permanente con especialistas en cada área. 

Especialización, profesionalización, estudio y seriedad parecen ser palabras que van a tener que estar unidas a buenas prácticas en comunicación política. No hacerla implica tirar mucho trabajo por la borda, y perder espacio quizá por un simple hecho mal gestionado. 

Es también una responsabilidad institucional de la política y las instituciones en términos de recomponer las relaciones con la ciudadanía, una necesidad de reforzar y rearmar un vínculo donde muchas veces aparecen agendas totalmente divergentes. 

Más allá de lo anecdótico, y hasta lo risueña que parezcan los hechos sucedidos en las últimas semanas no es un tema para tomarse a la ligera; de hecho estos hechos no obedecen solamente a una “mala acción individual” sino que se enmarcan en un escenario donde muchos actores parecieran no caer definitivamente en lo que está ocurriendo y hacia donde van las tendencias. 

Pensar y priorizar lo digital o sufrir. Esa es la encrucijada. 
 

NOTICIAS IMPORTANTES

Suscribite a nuestro NewsLetter y recibí todas las noticias en tu mail