Una "guerrilla urbana" a lo yanky, la disputa sociedad civil, gobiernos locales contra la ICE de Trump
18/01/2026

Una "guerrilla urbana" a lo yanky, la disputa sociedad civil, gobiernos locales contra la ICE de Trump

La disputa es total combinando movidas digitales y territoriales

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Empezó en Los Ángeles, en chats de Signal y sesiones de estrategia en Zoom. El año pasado, a medida que proliferaban las redadas de migración por toda la ciudad, activistas latinos y vecinos empezaron a organizar una respuesta: vigilaban la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) en las aceras y en los estacionamientos de Home Depot, y enviaban mensajes a sus redes cuando veían que se producía una detención.

A finales del verano, los activistas de Chicago estaban entrenados y preparados. Antes de que el gobierno de Trump anunciara una ofensiva llamada Operación Midway Blitz, las organizaciones de derechos de los migrantes habían repartido silbatos naranjas para que los voluntarios los utilizaran como sistema de alerta público, habían formado grupos de “respuesta rápida” y asesorado a la población para reportar avistamientos de agentes del ICE y memorizar sus propios derechos legales.

Los habitantes de Chicago —incluso muchos sin vínculos formales con grupos de protesta— mostraban una actitud desafiante contra el ICE con carteles que decían “Hands Off Chicago”, decorados con la querida bandera estrellada de la ciudad, colocados de manera prominente en las ventanas de restaurantes y bungalós.

Y en las últimas semanas, en Mineápolis —el más reciente foco de un aumento de la aplicación de las leyes migratorias por parte del gobierno de Trump—, una red poco estructurada pero cada vez mayor de voluntarios del vecindario se ha presentado cerca de las detenciones comunicadas, gritando a los agentes y grabándolos con cámaras de iPhone. Algunos se reunieron cerca de los hoteles donde se creía que se alojaban los agentes, golpeando tambores y haciendo ruido.

Las amplias medidas del presidente Trump para reprimir la migración ilegal, utilizando agentes federales enmascarados que graban sus interacciones con teléfonos móviles y a menudo interrogan a ciudadanos estadounidenses sobre su situación legal, ha desatado un incremento en el activismo confrontacional, alimentado tanto por grandes grupos liberales de defensa como por redes barriales hiperlocales.

En Los Ángeles, Chicago y Mineápolis, grupos establecidos que representan los derechos laborales y de los migrantes han proporcionado financiación y organizado concentraciones en el centro de la ciudad contra el gobierno de Trump. Pero también ha surgido una feroz oposición al ICE y a la Patrulla Fronteriza a través de clubes de barrio, chats vecinales, grupos escolares de Facebook y parroquias católicas, extendiéndose más allá de la base demócrata típica.

Los participantes dicen que han sido impulsados a actuar con dos objetivos en mente: la necesidad de proteger a sus vecinos, muchos de los cuales se encuentran en el país sin autorización pero no tienen antecedentes penales, y también de oponerse a lo que consideran un gobierno federal violento y desmesurado.
“Hay mucha gente que normalmente no se involucraría en política, pero que al mismo tiempo no está de acuerdo con lo que está ocurriendo en su comunidad”, dijo Sandra Treviño, una residente de Chicago que trabaja en ventas pero pasa los fines de semana patrullando la ciudad en busca de agentes migratorios y enviando actualizaciones por mensaje a sus redes.

Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, ha calificado las acciones de estos activistas como peligrosas, parte de “una campaña coordinada de violencia contra nuestras fuerzas de seguridad”.

En Minnesota, donde un agente del ICE disparó mortalmente a una mujer de 37 años, Renee Nicole Good, la semana pasada, las tensiones han aumentado desde que comenzó allí una campaña de represión de la migración a principios de diciembre. Algunos residentes de Minnesota han lanzado bolas de nieve helada u otros objetos a los agentes, los han llamado nazis y fascistas y los han perseguido en autos tocando la bocina, una práctica frecuente en Chicago el año pasado.


“La secretaria Noem ha sido clara: cualquier persona que obstruya o agreda a las fuerzas del orden será procesada con todo el rigor de la ley”, dijo el martes el departamento en un comunicado.

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Los investigadores federales están estudiando las posibles conexiones de Good con grupos activistas, y Trump ha descrito a Good y a su esposa, Becca Good, como “agitadoras profesionales”, aunque no ha ofrecido pruebas que respalden sus afirmaciones.
Las tensiones entre los agentes federales y los habitantes de Minnesota se están intensificando en las aceras, en los estacionamientos y en las calles. Algunos activistas dijeron que también han observado respuestas cada vez más contundentes por parte de los agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza desde la muerte de Good, con agentes que persiguen a los patrulleros por los estacionamientos y rocían sus vehículos con agentes químicos.

Dieu Do, activista por los derechos de los migrantes, dijo que antes de la represión de la migración en Mineápolis, su organización recibía decenas de correos electrónicos al día de personas que preguntaban cómo podían participar. Ahora son cientos a diario.

“La gente sigue manifestándose y defendiendo a su comunidad a pesar de haber presenciado un acto tan violento”, dijo. “Piden justicia, aunque exista la posibilidad de que resulten heridos en el proceso”.

Patrulleros de Chicago dijeron esta semana que seguían recorriendo la ciudad en busca de agentes del ICE. Pero muchos de sus chats de Signal y grupos de Facebook se han silenciado, señal de que el gobierno de Trump se ha centrado directamente en Mineápolis, al menos por ahora.

Esto es muy distinto de lo que ocurrió en Chicago el otoño pasado, cuando agentes federales enmascarados recorrieron la Magnificent Mile del centro de la ciudad, sorprendiendo a residentes y turistas. Cuando los residentes empezaron a protestar por su presencia en los vecindarios, los agentes utilizaron métodos agresivos para dispersar a las multitudes, lanzando gases lacrimógenos y aerosoles de pimienta a lo largo de varias cuadras de la ciudad.

“En cierto modo, realmente galvanizó el apoyo local contra ellos dondequiera que fueran”, dijo Brandon Lee, coordinador de la Coalición de Illinois por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados. “Cuando lanzan gases lacrimógenos en un vecindario, no importa si apoyas o no al ICE. Vas a terminar bañado en gas lacrimógeno”.

Los organizadores de Chicago dijeron que, durante la Operación Midway Blitz, lograron perfeccionar prácticas tomadas prestadas de los activistas de Los Ángeles, mientras cientos de agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE realizaban detenciones en toda la región de Chicago.

“La Patrulla Fronteriza y el gobierno de Trump utilizaron Chicago como terreno de prueba, y, a su vez, nosotros los usamos a ellos como terreno de prueba para ciertas tácticas de organización”, dijo Joanna Klonsky, estratega en comunicación en Chicago.

Eso incluía redes de respuesta rápida, la táctica de seguir a los vehículos del ICE y de la Patrulla Fronteriza con silbatos y hacer el mayor ruido posible para advertir a quienes estuvieran cerca.

“Hemos llegado a un punto en el que existe un manual para la oposición pacífica y legal”, dijo Klonsky.

Los organizadores de Los Ángeles y Chicago dijeron que estaban observando Mineápolis de cerca y anticipando dónde planearía Trump su próxima oleada de agentes de migración. Grupos en la ciudad de Nueva York ya han repartido miles de silbatos, preparándose para un despliegue de alto perfil de aplicación de leyes migratorias.

“La gente se está dando cuenta de que la única manera de responder es rápidamente y en persona”, dijo Alida García, consultora política que se ha estado organizando en Los Ángeles. “Lo interesante de este momento es que, si lo que estás protegiendo es a tu empleado, o al maestro de tu hijo, o al vendedor ambulante al que compras tacos una vez al mes, eso se siente muy personal”.

Julie Bosman es la jefa de la corresponsalía de Chicago del Times, desde donde escribe e informa sobre historias de todo el medio oeste estadounidense.

Empezó en Los Ángeles, en chats de Signal y sesiones de estrategia en Zoom. El año pasado, a medida que proliferaban las redadas de migración por toda la ciudad, activistas latinos y vecinos empezaron a organizar una respuesta: vigilaban la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) en las aceras y en los estacionamientos de Home Depot, y enviaban mensajes a sus redes cuando veían que se producía una detención.

A finales del verano, los activistas de Chicago estaban entrenados y preparados. Antes de que el gobierno de Trump anunciara una ofensiva llamada Operación Midway Blitz, las organizaciones de derechos de los migrantes habían repartido silbatos naranjas para que los voluntarios los utilizaran como sistema de alerta público, habían formado grupos de “respuesta rápida” y asesorado a la población para reportar avistamientos de agentes del ICE y memorizar sus propios derechos legales. Los habitantes de Chicago —incluso muchos sin vínculos formales con grupos de protesta— mostraban una actitud desafiante contra el ICE con carteles que decían “Hands Off Chicago”, decorados con la querida bandera estrellada de la ciudad, colocados de manera prominente en las ventanas de restaurantes y bungalós.

Y en las últimas semanas, en Mineápolis —el más reciente foco de un aumento de la aplicación de las leyes migratorias por parte del gobierno de Trump—, una red poco estructurada pero cada vez mayor de voluntarios del vecindario se ha presentado cerca de las detenciones comunicadas, gritando a los agentes y grabándolos con cámaras de iPhone. Algunos se reunieron cerca de los hoteles donde se creía que se alojaban los agentes, golpeando tambores y haciendo ruido.

Las amplias medidas del presidente Trump para reprimir la migración ilegal, utilizando agentes federales enmascarados que graban sus interacciones con teléfonos móviles y a menudo interrogan a ciudadanos estadounidenses sobre su situación legal, ha desatado un incremento en el activismo confrontacional, alimentado tanto por grandes grupos liberales de defensa como por redes barriales hiperlocales.

En Los Ángeles, Chicago y Mineápolis, grupos establecidos que representan los derechos laborales y de los migrantes han proporcionado financiación y organizado concentraciones en el centro de la ciudad contra el gobierno de Trump. Pero también ha surgido una feroz oposición al ICE y a la Patrulla Fronteriza a través de clubes de barrio, chats vecinales, grupos escolares de Facebook y parroquias católicas, extendiéndose más allá de la base demócrata típica.

Los participantes dicen que han sido impulsados a actuar con dos objetivos en mente: la necesidad de proteger a sus vecinos, muchos de los cuales se encuentran en el país sin autorización pero no tienen antecedentes penales, y también de oponerse a lo que consideran un gobierno federal violento y desmesurado.
“Hay mucha gente que normalmente no se involucraría en política, pero que al mismo tiempo no está de acuerdo con lo que está ocurriendo en su comunidad”, dijo Sandra Treviño, una residente de Chicago que trabaja en ventas pero pasa los fines de semana patrullando la ciudad en busca de agentes migratorios y enviando actualizaciones por mensaje a sus redes.

Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, ha calificado las acciones de estos activistas como peligrosas, parte de “una campaña coordinada de violencia contra nuestras fuerzas de seguridad”.

En Minnesota, donde un agente del ICE disparó mortalmente a una mujer de 37 años, Renee Nicole Good, la semana pasada, las tensiones han aumentado desde que comenzó allí una campaña de represión de la migración a principios de diciembre. Algunos residentes de Minnesota han lanzado bolas de nieve helada u otros objetos a los agentes, los han llamado nazis y fascistas y los han perseguido en autos tocando la bocina, una práctica frecuente en Chicago el año pasado.


“La secretaria Noem ha sido clara: cualquier persona que obstruya o agreda a las fuerzas del orden será procesada con todo el rigor de la ley”, dijo el martes el departamento en un comunicado.

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Los investigadores federales están estudiando las posibles conexiones de Good con grupos activistas, y Trump ha descrito a Good y a su esposa, Becca Good, como “agitadoras profesionales”, aunque no ha ofrecido pruebas que respalden sus afirmaciones.
Las tensiones entre los agentes federales y los habitantes de Minnesota se están intensificando en las aceras, en los estacionamientos y en las calles. Algunos activistas dijeron que también han observado respuestas cada vez más contundentes por parte de los agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza desde la muerte de Good, con agentes que persiguen a los patrulleros por los estacionamientos y rocían sus vehículos con agentes químicos.

Dieu Do, activista por los derechos de los migrantes, dijo que antes de la represión de la migración en Mineápolis, su organización recibía decenas de correos electrónicos al día de personas que preguntaban cómo podían participar. Ahora son cientos a diario.

“La gente sigue manifestándose y defendiendo a su comunidad a pesar de haber presenciado un acto tan violento”, dijo. “Piden justicia, aunque exista la posibilidad de que resulten heridos en el proceso”.

Patrulleros de Chicago dijeron esta semana que seguían recorriendo la ciudad en busca de agentes del ICE. Pero muchos de sus chats de Signal y grupos de Facebook se han silenciado, señal de que el gobierno de Trump se ha centrado directamente en Mineápolis, al menos por ahora.

Esto es muy distinto de lo que ocurrió en Chicago el otoño pasado, cuando agentes federales enmascarados recorrieron la Magnificent Mile del centro de la ciudad, sorprendiendo a residentes y turistas. Cuando los residentes empezaron a protestar por su presencia en los vecindarios, los agentes utilizaron métodos agresivos para dispersar a las multitudes, lanzando gases lacrimógenos y aerosoles de pimienta a lo largo de varias cuadras de la ciudad.

“En cierto modo, realmente galvanizó el apoyo local contra ellos dondequiera que fueran”, dijo Brandon Lee, coordinador de la Coalición de Illinois por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados. “Cuando lanzan gases lacrimógenos en un vecindario, no importa si apoyas o no al ICE. Vas a terminar bañado en gas lacrimógeno”.

Los organizadores de Chicago dijeron que, durante la Operación Midway Blitz, lograron perfeccionar prácticas tomadas prestadas de los activistas de Los Ángeles, mientras cientos de agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE realizaban detenciones en toda la región de Chicago.

“La Patrulla Fronteriza y el gobierno de Trump utilizaron Chicago como terreno de prueba, y, a su vez, nosotros los usamos a ellos como terreno de prueba para ciertas tácticas de organización”, dijo Joanna Klonsky, estratega en comunicación en Chicago.

Eso incluía redes de respuesta rápida, la táctica de seguir a los vehículos del ICE y de la Patrulla Fronteriza con silbatos y hacer el mayor ruido posible para advertir a quienes estuvieran cerca.

“Hemos llegado a un punto en el que existe un manual para la oposición pacífica y legal”, dijo Klonsky.

Los organizadores de Los Ángeles y Chicago dijeron que estaban observando Mineápolis de cerca y anticipando dónde planearía Trump su próxima oleada de agentes de migración. Grupos en la ciudad de Nueva York ya han repartido miles de silbatos, preparándose para un despliegue de alto perfil de aplicación de leyes migratorias.

“La gente se está dando cuenta de que la única manera de responder es rápidamente y en persona”, dijo Alida García, consultora política que se ha estado organizando en Los Ángeles. “Lo interesante de este momento es que, si lo que estás protegiendo es a tu empleado, o al maestro de tu hijo, o al vendedor ambulante al que compras tacos una vez al mes, eso se siente muy personal”.

Julie Bosman es la jefa de la corresponsalía de Chicago del Times, desde donde escribe e informa sobre historias de todo el medio oeste estadounidense.